IDEAS CONTRA LA CRISIS CULTURAL

1. Vuelve al origen.

No me va el New Age. Desconfío de la autoayuda. Nunca he ido a una charla de coaching. Y sin embargo, aquí estoy, con disfraz de gurú de las iniciativas culturales; apelando al sentido común; organizando información que está ahí afuera, en las calles o en la red, al alcance de cualquiera; dando consejos –por vez primera y sin que sirva de precedente– por si les fueran útiles a alguien. Empecemos por el principio. “Conócete a ti mismo”, rezaba el pronaos del templo de Apolo en Delfos. A veces el secreto de todo está en tu propio origen: explóralo, descubre qué es lo que desde siempre te ha apasionado, piensa en qué es lo que conoces a fondo, reconoce tus dominios. Existe un malentendido consensuado acerca de la vocación: siempre se cree que tiene que ver con el deseo y, por tanto, con el futuro. Pero no es cierto: está emparentada sobre todo con el pasado. Con el capital de conocimientos que vas acumulando porque quieres llegar a ser algo y no sólo racionalmente, sino también apasionadamente, profundizas en ese ámbito de conocimiento. El desempleo puede ser una oportunidad para recuperar la vocación que quizá quedó truncada por esa plaza, en verdad indeseada, que ha pagado las facturas durante todos estos años.

2. Convierte tu pasión en tu trabajo.

Siguiendo con la idea anterior, en lo que respecta a profesiones vinculadas con la cultura, en mi humilde opinión lo ideal es que aquello que te apasiona constituya tu trabajo. El hobby convertido en profesión: esa es la energía que encontramos en el espacio cultural Diógenes de Gracia, en Arkham Comics, la tienda de tebeos del Raval, o en las librerías Taifa, también en Gracia, y Negra y Criminal, en la Barceloneta. El Saló del Cómic de Barcelona no es más que la profesionalización y el intercambio, económico y simbólico, de una pasión compartida. Lo mismo puede decirse de BCNegra, un festival que es pura pasión por la novela de crímenes y detectives. Diógenes, Arkham, Taifa, Negra y Criminal, Saló del Cómic de Barcelona, BCNegra: vivimos en un mundo en que todo es o tiende a ser una marca.

3. Construye tu marca.

La brutal competencia en la iconosfera y en el ruido mediático se da entre logos, entre simplificaciones, entre nombres, entre marcas. Para dedicarte profesionalmente a la cultura es importante que construyas a conciencia una firma y un prestigio, individual o colectivos. Puede ser tu nombre real, un nickname o el nombre de una empresa o de una agencia o de una asociación cultural. Pero, para bien o para mal, no tiene sentido no pensar en ello desde el marco teórico que mejor lo ha hecho: el del branding. Los blogs y el diálogo que generan siguen siendo plataformas de desarrollo de prestigio artístico e intelectual. Una de las diferencias principales entre dos periodistas barceloneses como Manuel Vázquez Montalbán y Arcadi Espada es que el primero edificó su marca con artículos y con libros, mientras que el segundo lo ha hecho con artículos y con posts. Los libros de Espada, muchos de ellos de referencia, no han sido tan decisivos en la multiplicación de su influencia mediática como sus blogs. Aunque las redes sociales sean también parte del campo cultural en que se define una reputación, la página web personal y el blog siguen siendo los espacios principales, el lugar al que acudir para entender la complejidad de cualquier propuesta contemporánea. Si entramos en la web del dibujante Juanjo Sáez nos encontramos con un diseño lúdico y fresco, a través del cual podemos ver obra suya, leer entrevistas, comprarle láminas en edición limitada, participar en un foro (“y déjame a caer de un burro, pero no esperes que te conteste”) o ponerse en contacto con su agente. En la de Lolita Bosch, en cambio, accedemos a sus artículos de opinión, sus libros, sus cursos y talleres o a los colectivos que pertenece, como Nuestra aparente rendición (para pensar la violencia en México) o el Colectivo Fu (una asociación cultural). La identidad pública de ambos queda bien resumida en esas páginas web, vías de acceso para la complejidad que resume toda marca.

4. Busca nichos de mercado. El problema de estudiar una carrera de letras es que en los temarios predominan los fenómenos culturales clausurados. Y que nunca se habla de ellos como lo que también fueron: procesos relacionados con la moda, la economía o la publicidad. También Poe, Tàpies, Tarantino o Javier Marías encontraron sus nichos de mercado. La puerta de los tres cerrojos, de la barcelonesa Sonia Fernández Vidal, es un ejemplo perfecto de cómo la detección de un nicho en el mercado cultural puede proporcionar un rendimiento económico. Doctora en Ciencias Físicas, Fernández Vidal se dio cuenta de que no existía ningún libro infantil de divulgación científica que hubiera tratado el tema de la física cuántica y decidió escribir uno. El resultado ha sido un éxito mediático y de ventas, que ha conducido en su segundo libro a la inclusión de la marca en el título: Quantic Love. Se trata de dos de los libros más visibles de lo que podría llamarse el “efecto cuántico”, la transformación de una abstrusa rama de la ciencia especulativa en un reclamo comercial. Lo demuestran otros títulos infantiles como El zoo cuántico, El limpiagafas cuántico o El supertoque cuántico. En nuestra época los nichos de mercado, incluso los más inesperados, los que nadie se imaginaba que existían, se saturan con una rapidez asombrosa. Siguiendo con libros, no hay más que pensar en el súbito interés editorial por los zombis. Sólo el año pasado se publicaron títulos tan curiosos como: Cómo hablar zombi, Una, grande y zombi, o Macarrones con zombi.

5. Dedícate al cultural coaching.

Era cuestión de tiempo: ya está aquí, aunque tímidamente, el coaching cultural. Después de entrenar el cuerpo, la autoestima, las relaciones laborales y tu capacidad de liderazgo, empieza a entrenar también las conexiones de todos esos ámbitos con la cultura general. O, mejor aún, si eres licenciado en letras y un habitual de librerías, cines, museos y bibliotecas, busca tus clientes y conviértete en su entrenador cultural. En nuestras aceleradas existencias, en el contexto de una ciudad como Barcelona donde se multiplica exponencialmente la oferta de cultura, la orientación profesional tiene que ser recompensada. Según los gustos y los intereses de tu cliente, deberás organizar su agenda de obras de teatro, visitas a exposiciones o asistencia a conciertos; enviarle emails con links a presentaciones de libros, conferencias, artículos, series de televisión o entrevistas a filósofos; acompañarle a librerías como haría un personal shopper en tiendas de moda o joyerías; darle clases privadas hechas a medida, según unos objetivos bien delineados. Dice Google que el cultural coaching todavía no se ha instalado en Barcelona y si él lo dice será verdad: es el momento de ser pioneros, construir una cartera de clientes, comenzar a trabajar en ese –por ahora– nicho de mercado.

6. Convierte cualquier centro en un centro cultural.

La Academia La Central, dirigida por el escritor Juan Trejo, es un buen ejemplo de cómo están mutando las librerías de hoy. Lo que ellas pueden ofrecer y está en cambio vedado a Amazon es justamente conversación, recomendaciones personales, formación lectora. En nuestra crisis lo único -esperemos que no sea de momento- que no ha menguado es la demanda de cursos de escritura y de lectura: la Escuela de Escritura del Ateneu Barcelonés y la Academia La Central tienen un público fiel, que refuerza su cultura en tiempos de recesión económica. Pero esa tendencia a que un local comercial se convierta en centro cultural no tiene por qué limitarse a librerías, se puede extender a cafeterías, revistas, agencias de todo tipo. Cualquier local debe insistir en su dimensión física y potenciar lo que puede darse en ella y no en espacios virtuales: la conversación de viva voz, la mirada, la complicidad corporal. Por todo eso encontramos en Barcelona librerías como Abracadabra, que es un centro de talleres infantiles y un teatro de cuentacuentos. O cafés con identidad de galería de arte como Cosmo o Mitte, donde se dan masajes o clases de inglés o tienes a tu disposición una pequeña hemeroteca. O tiendas donde conviven los libros, la ropa, los fanzines y la exhibición de obra gráfica, como Mutt o Como me ves, te verás, especialista en arte mexicano. En el caso de Cosmo se ha producido una interesante mutación: se ha convertido en el marco físico de Duduá, que después de alquilar sendos espacios en el Born y en el Gótico, se ha desmaterializado e imparte sus talleres de bordado y tricot en la galería-café. Una nueva simbiosis en la historia de la Guerrilla del Ganchillo.

7. Compartamos profesores (y niñeras).

No es necesario decirlo en inglés, pero el sharing llegó hace tiempo a Barcelona. Durante un año fui socio de Avancar, una agencia de coches de alquiler que tienes siempre a tu disposición en un parquin cercano. Los reservas por internet, los abres con una tarjeta, un ordenador registra los kilómetros y el tiempo exacto del servicio. Lo dejé porque los precios son más adecuados para empresas que para escritores free-lance, pero la idea es interesante y está en sintonía con nuestros tiempos. Se inscribe en una constelación de proyectos empresariales que sitúan en su centro la necesidad de compartir. Otro anglicismo: coworking. Compartir espacios profesionales, oficinas, estudios. Una variante más novedosa e hija directa de la crisis: los talleres compartidos. Máquinas de coser, herramientas de mecánica automovilística, equipos de edición en video. Los recortes en investigación médica están llevando a padres de niños con enfermedades raras a recaudar fondos para pagar a un investigador que se dedique en exclusiva a ese tipo de dolencia. En época de carencia hay que extremar las redes humanas. Las clases particulares de idiomas se pueden convertir en clases en grupos reducidos. Y una niñera puede ocuparse de varios niños durante las jornadas laborales de sus progenitores. Empiezan a proliferar en Barcelona los pisos convertidos en guarderías informales, donde una madre sin empleo se ocupa de algunos de los retoños de sus vecinas empleadas. De algún modo, esas mesas que compartimos en los locales de Udon o en Federal Café son la metáfora del mundo que está llegando.

8. Déjate apadrinar por un jubilado.

Por primera vez en la historia de España los prejubilados y los jubilados tienen un sueldo superior al de los adultos trabajadores. No es descabellado, por tanto, que los abuelos apadrinen a los jóvenes. En una época en que la asistencia sanitaria y la compañía de nuestros mayores recae sobre todo en personas inmigrantes, la lectura en voz alta, la conversación sobre temas de actualidad, la compañía para ir al cine, al teatro o a museos, o las clases particulares pueden ser remuneradas, de modo que el presupuesto que se dedica a un cuidador o a una enfermera conviva con un presupuesto, sin duda menor, para actividades intelectuales de esa persona mayor.

9. Juega.

A finales de 2003 viajé por la Patagonia con un francés que conocí en un carguero. Se llamaba Jerome y lo había dejado todo para viajar por el mundo. En Ushuaia pasó varias tardes encerrado en un cibercafé, jugando a simulación de bolsa. Su proyecto de vida era viajar gracias a los beneficios de sus inversiones, pero antes tenía que aprender las reglas del juego. Jugando. El póker es otro ámbito en que uno puede profesionalizarse practicando gratuitamente en la red. Algunos expertos en game theory han comenzado a pensar los “me gusta” del Facebook como puntos que uno podría ir acumulando y que podrían contabilizarse más allá del concepto de “tráfico”. Gamification y Funware: aplicar las estrategias del juego fuera del juego. Que te den puntos y bonificaciones por no cometer infracciones de tráfico o por entregar a tiempo la declaración de la renta. Y que esos puntos, como los que acumulas en la tarjeta del supermercado o en la de millas aéreas, se traduzca en beneficios que premien a los buenos ciudadanos. Los juegos de preguntas y respuestas; los videojuegos en red de temática cultural; los juegos de memoria y logopedia. Son varios los frentes que hay que reinventar.

10. Comparte tus ideas.

Respecto a las ideas hay dos opciones posibles: patentarlas y difundirlas, blindarlas con derechos de autor o liberarlas mediante formas afines al copyleft. No son opciones excluyentes. Sin embargo, nuestro mundo parece más dado a la segunda opción. La mayor parte de las grandes ideas de hoy ya no se pueden desarrollar en solitario, hace falta al menos un equipo, sino una red. Nuestra época es la de la inteligencia colectiva. Y como para desarrollar las ideas casi siempre hace falta tiempo y dinero, la falta de becas y subvenciones ha conducido al crowdfunding (penúltimo extranjerismo, lo prometo). Los grandes avances científicos y tecnológicos los llevan a cabo equipos que trabajan en red, no personalidades individuales. Internet está lleno de oportunidades de formación gratuita (como los tutorials: cursos de autoaprendizaje en forma textual o audiovisual) y de plataformas de trabajo en grupo. Subtitular películas o colaborar en Wikipedia puede significar poner en práctica tus habilidades como traductor, como lector, como redactor. Disfrazarte de gurú de iniciativas culturales, impostar una voz durante 2200 palabras y publicar un artículo como este en una revista que cuesta un euro tal vez sea otra modesta forma de intervenir en estos tiempos que, si algo reclaman, son intervenciones. Y de compartir ideas que son de todos, por si les fueran útiles a alguien.

[Publicado en la revista Barcelonés, abril de 2011]