LA CUENTA ATRÁS (V)

FRONTERA

Si tuviera que escoger una palabra, sería frontera. Es la que mejor representa el mundo y las artes actuales. El cruce constante. El tránsito entre géneros sexuales y textuales y artísticos. La traducción como imperativo ético. El nomadismo estético, el artista radicante. Cristina Rivera Garza publicó el año pasado La Castañeda, reescritura de la tesis de maestría que sobre el Manicomio General de México escribió en inglés hace más de quince años y que nutrió su novela Nadie me verá llorar (Tusquets, 2000). En su prefacio se formula las siguientes preguntas: “¿En qué se convertiría una vez traducido al español y transformado, o medio transformado, de una escritura netamente académica a como escribo hoy? ¿Resistiría el cruce de tantas fronteras?”. Son interrogantes muy pertinentes, aplicables a buena parte de la literatura hispánica actual, que traduce productos culturales que se expresan en inglés, que se mueve en muchos casos entre lenguajes diversos, que asimila desplazamientos y viajes. Entre la academia y la creación, la prosa y el verso, el inglés y el español, la pantalla y el papel, la fotografía y el texto, toda la obra de Rivera Garza es fronteriza y autorreflexiva. Porque, finalmente, la lengua explora el silencio: “una mujer sin nombre lo deja tocar el lenguaje de una historia que le pertenece a un hombre del desierto”, leemos en Lo anterior (Tusquets, 2004). El Norte es el desierto: el lugar donde la realidad y su expresión se descomponen hasta llegar a la nada para, siempre después, volverse a componer.

De todas las fronteras del mundo hispánico, la que une y separa México y los Estados Unidos es la que está provocando un tratamiento literario más exhaustivo e interesante de lo fronterizo. Toda América Latina limita con U.S.A., por tierra, mar y aire, como demuestra la expansión de la frontera que conduce a obras como Missing (Alfaguara, 2009), de Alberto Fuguet, donde el rastreo de la emigración significa un viaje desde Santiago de Chile hasta Denver; o Norte (Mondadori, 2011), de Edmundo Paz Soldán, que entrelaza destinos de inmigrantes mexicanos en el vecino norteño, cuya identidad no puede entenderse sin ese flujo ya bicentenario. No es casual que un epígrafe de Yuri Herrera introduzca la última obra del escritor de origen boliviano, porque Trabajos del reino (2004; Periférica, 2008) y Señales que precederán al fin del mundo (Periférica, 2010) se han convertido en dos relatos centrales de la tensión entre los dos lados, las dos lenguas, las dos culturas.

El escritor, más allá de los personajes y los escenarios, es decir, más allá de las encarnaciones de las historias que transcurren en el norte mexicano y el sur estadounidense, aborda la cuestión central: el concepto de lo limítrofe y su penetración en el lenguaje. “Yo no crucé la línea, la línea me cruzó”, leemos en un momento de su primera novela, recorrida de cabo a rabo por el campo semántico del cruce y por la expresión “otro lado”, en un polisemia que remite tanto a USA como a la muerte. O, borgeanamente, a un mundo otro, un universo alternativo, cuya puerta de acceso tiene forma de espejo. El otro lado de la historia, el reverso de la trama. El mundo de Herrera inventa constantemente dualidades, duplicidades, duplicaciones, bipolaridades, enfrentamientos, mediante un lenguaje que es consciente de la dificultad de narrar en los intersticios. El momento más autoconsciente de Señales… apunta en esa dirección, cuando el personaje toma conciencia de ser la materialización del lenguaje relacional, un cuerpo que genera vínculos: “Hablan una lengua intermedia con la que Makina simpatiza de inmediato porque es como ella: maleable, deseable, permeable, un gozne entre dos semejantes distantes y luego entre otros dos, y luego entre otros dos, nunca exactamente los mismos, un algo que sirve para poner en relación”. Como el escritor. Como el arte.

En la misma línea de exploración se ubica Los andantes (Lengua de Trapo, 2010), de Federico Guzmán Rubio. En el relato “Las mañanitas”, el personaje de Jeff puede ser leído como el complemento perfecto o la refutación del de Makina. Los protagonistas son una pareja de emigrados que reciben en su casa al jefe gringo de él. Todo ha sido preparado según las instrucciones de Jeff, otro gringo, que actúa como bisagra entre la familia mexicana que hace las veces de anfitriona y Walter, el invitado estadounidense. El guacamole con perejil en lugar de cilantro. La ropa que deben ponerse. Los niños tienen que hablar en inglés, menos cuando sus padres se dirijan a ellos en español. El tema de conversación tiene que ser el béisbol. Sólo tomarán la tercera cerveza si es Walter quien la pide. Y la música mexicana: Jennifer López o Ricky Martin. Todo sale según el plan: como quien no quiere la cosa, surge el tema de la plaza que va a quedar libre y el narrador consigue su ascenso. “Hablamos en inglés pero pienso en español”, dice el narrador; y prosigue: “Ellos hablan en inglés y piensan en inglés. Siempre me he preguntado quién lleva las de ganar. No lo sé.”. El conflicto nunca terminará porque es tan antiguo como el hombre. Pero quien gana a corto plazo es Jeff, que cobra por sus servicios: por haber propiciado la cena, por haberles dado las claves, por haberles ayudado a escenificar su mexicanidad. Como el libro de relatos de Luis Humberto Crosthwaite, este cuento podría titularse Instrucciones para cruzar la frontera (Joaquín Mortiz, 2002). Al final, cuando los invitados se han ido y los niños duermen, la pareja, a solas, se ríe y el narrador afirma: “En comparación con los coyotes, los trámites, las multas, los abogados, esto fue hasta agradable”. La lengua, los códigos, traducen relaciones asimétricas pero dinámicas, que no pueden plantearse de forma maniqueísta. La literatura plantea preguntas y deja que el lector, provisionalmente, las responda.

Por los complejos y azarosos mecanismos que rigen la instauración del canon, las obras de Herrera, Guzmán Rubio, Rivera Garza, Paz Soldán, Crosthwaite y tantos otros son satélites alrededor de un planeta oscuro llamado 2666 (y su reverso de antimateria no ficcional, Huesos en el desierto, de Sergio González Rodríguez). Leemos los textos atravesados por la huella de Bolaño. Una huella que, precisamente, emigra, es traducida, se convierte en espacio de apertura, de nuevos vínculos. Mientras prolifera la literatura sobre ese espacio emblemático, esa franja de más de tres mil kilómetros, lo hace también la música, el cine, las teleseries, el arte contemporáneo o los videojuegos. Jose comes to USA, Crosser, Corridos, La Migra y Smuggle Truck: Operation Immigration llevan a las pantallas interactivas la aventura de cruzar al otro lado. El mando de la consola y la figura del protagonista se convierten en las figuras intersticiales, en las bisagras que conectan física y simbólicamente al lector/jugador con el espacio del riesgo. Mientras la mayoría te pone en la piel de un espalda mojada, La Migra te hace ver la frontera desde la mirada y el acelerador y el teleobjetivo de un agente migratorio. Está inspirado en Space Invaders. Entre los videojuegos que he mencionado los hay con voluntad comercial y con intención artística. Los he enumerado sin discriminarlos porque la frontera se caracteriza por la circulación múltiple de deseo y de dinero: los migrantes y los artivistas y los académicos van y vienen, mientras los estadounidenses bajan a Tijuana o a Ciudad Juárez para, entre otras muchísimas razones, comprar droga, operarse los pechos, rodar películas, correrse una juerga o estudiar español

CÓMIC & BCN

BARCELONA: EL ESPECTÁCULO DEBE CONTINUAR

De Wheelman, el videojuego de acción sobre ruedas, a Corona de flores, la novela de Javier Calvo ambientada en la laberíntica ciudad neogótica; de las viñetas de Batman. El caballero del dragón al misterio y la ciencia-ficción de L’any de la plaga, de Marc Pastor: tras la asunción de su naturaleza de marca durante el cambio de siglo, Barcelona se ha convertido en los últimos años en un espacio eminentemente espectacular. En un kikoamatiense espacio de Cosas que hacen BUM. Por eso no es de extrañar que buena parte de los treinta y tres cómics incluidos en Barcelona TM (Norma, 2010) imaginen una ciudad destruida, post-apocalíptica, invadida por monstruos del manga o convertida en un cráter vacío. Los grandes iconos de la ciudad son invocados una y otra vez en el volumen, como puntos de referencia tanto en nuestro presente como en el presunto futuro en que la metrópolis ha sido arrasada o anegada. Porque la espectacularidad se relaciona con el skyline y, por tanto, con el turismo. Una de las mejores viñetas del volumen dibuja los célebres turistas del escultor hiperrealista Duane Hanson en el claustro de la Catedral (en “Mira l’ou com balla!”, de Corominas y David Morancho). En otra vemos a una actriz porno con un gran tatuaje que le une el pecho izquierdo con las caderas: “Barcelona”, escrito en tipografía Coca-cola (en “Un tráiler de Silvia”, de Jordi Pastor y Sagar). La pornografía como metáfora de la ciudad que se muestra sin ambages y que se vende en el mercado internacional.
Junto con la destrucción de Barcelona y su condición de marca global, el otro gran tema tratado en Barcelona TM es el de la inmigración. Desde los exiliados voluntarios italianos, que han abandonado su país por rechazar su “dictadura mediática”, hasta los adolescentes magrebíes, que regresan a la Ciudad Condal pese a haber sido repatriados y encuentran en los pequeños hurtos su modus vivendi. En la familia artificial que protagoniza Barcelona Low Cost (Glénat, 2010), de Aníbal Mendoza y Martín Tognola, encontramos otro tipo de inmigración, la latinoamericana, y otro tipo de turismo, el que se confunde con la residencia (desde los erasmus hasta los jóvenes free-lance que vienen a probar suerte). El contraste entre la mirada del protagonista argentino y el de la protagonista catalana introduce en la ficción el comparativismo cultural, sobre todo en lo que respecta a la gestión emocional. Las opiniones sobre las costumbres locales no son monolíticas: evolucionan según las experiencias, provocando una mescolanza de humor y de ternura. Como en Coses que et passen a Barcelona quan tens trenta anys, de Llucia Ramis, los compañeros de piso son turistas en la topografía más típica de su propia ciudad; pero también exploran otros ámbitos, porque eso supone no sólo narrar una ciudad inédita, sino también descontextualizar a los personajes para provocar en ellos nuevas reacciones y quizá nuevos sentimientos. El cómic lo hace llevándolos a la Fiesta Mayor del Carmel, un espacio trabajado literariamente por David Castillo y por Marc Pastor, que muchos barceloneses perciben como el extranjero y que vinculamos automáticamente con el mundo de Juan Marsé. La Barcelona que todos estamos olvidando.
El cómic Blanca Rosita Barcelona, de Miguel Gallardo, que editó el Ayuntamiento el año pasado, o la reciente retrospectiva de Javier Mariscal en La Pedrera recuerdan cuál es la iconografía urbana que ha sobrevivido. La de la marca-espectáculo, con sus dosis de autenticidad barrial y su mestizaje. El Cobi le ganó la partida a Makoki. El viejo impulso contra-cultural, después de atravesar el Barcelona-posa’t-maca, se reencarna en la obra de Juanjo Sáez. En Arroz pasado. Volumen 1 (Mondadori, 2010), la sentimentalidad, los traumas y el diseño se entremezclan con el porno, el delirio cósmico y cierto espíritu canalla. Un flash-back, por ejemplo, denuncia los abusos que cometían los señoritos del Eixample con sus criadas y, dándole la vuelta, el placer sexual que experimentaban esas mismas criadas. La fotografía y el cómic se hibridan sin complejos en una historia que comienza en las Ramblas y termina con el suicidio del protagonista desde uno de los aviones de juguete del Tibidabo.

[publicado ayer en Cultura/s]

NOTICIERO

* Bellísima edición la de Superávit (El Cangrejo Pistolero), de Nacho Montoto, que comienza diciendo “El vacío, cuentan, se mide en el aire y en tan pesado como el aguacero”. En su faceta profesional, Montoto es uno de los protagonistas de una experiencia interesantístima que está teniendo lugar esta misma semana: branding en directo, recreación de la imagen de una empresa en tiempo real.

* Nunca es tarde si la dicha es buena: Gay Talese al fin en España. Alfaguara ha publicado Honrarás a tu padre y Debate, La mujer de tu prójimo. Para tener un panorama más completo de los orígenes y la consolidación del “nuevo periodismo” americano, hay que completar esas lecturas con la de El violento oficio de escribir (451), de Rodolfo Walsh.

*Entre mis lecturas de narrativa internacional de los últimos dos meses, destacaría dos títulos publicados por Mondadori: Némesis, de Philip Roth, por su mirada diagonal sobre el exterminio nazi a través de una historia de muerte y de culpa judías que no sale de las fronteras de los Estados Unidos; y Habladles de batallas, de reyes y elefantes, de Mathias Enard, por su capacidad para aunar lirismo y metarte, recuperando el espíritu de aquella Seda que nos sedujo en los 90.

* Nadie interesado en literatura española actual (y su contexto sociológico y tecnológico) debería dejar de leer redacciones (Editorial Caslon), de Ernesto Castro, Jara Calles, Miguel Espigado y Raúl Quirós, con su vibración afterpost. Nadie debería de perderse, tampoco, este book trailer.

* Desde su bellísima portada (con el moño célebre de Vértigo), Alma (Lengua de Trapo), de Javier Moreno, atrapa al lector con su inteligencia y su ritmo, que lo es todo, como en la poesía, cuando desaparecen las estructuras tradicionales del relato. Voy por la página 38. Me he reído con la historia de vecindad entre el narrador y Javier Marías. La aparición de dios, con minúscula, es constante. Seguiré informando.

BCN 2355

La experiencia del Jam de Escritura en Kosmópolis se ha convertido en una publicación on-line: se puede leer aquí.

GUÍA DE COMPLEJOS

ELOGIO DE LA COMPLEJIDAD

 

José Luis Molinuevo

Guía de complejos. Estética de teleseries

Archipiélagos

Salamanca, 2011

84 págs.

Descarga gratuita  aquí.

 

Algún día se escribirá una historia de la complejidad en las artes narrativas y su último capítulo será sobre hipertexto, relato digital, cómic y teleseries. En la etimología de lo complejo está la trenza, la red. La obra de José Luis Molinuevo se instala en ella, defendiendo un pensamiento en imágenes que, como obra en marcha, alimenta un blog de referencia y que ha dado lugar a su último libro, Guía de complejos. Estética de teleseries, una reflexión sobre la serialidad televisiva norteamericana de nuestra época que aborda las series desde dentro. Desde los planos, las secuencias, las escenas que las constituyen.

Lo más relevante del volumen es, a mi entender, que revela aspectos del fenómeno que no habían sido todavía enunciados. Destaca Molinuevo la complejidad de las situaciones presentadas en la ficción y cómo el mundo es retratado no desde la mirada de un creador, sino desde la de los personajes, totalmente condicionados por los actores que los encarnan. Tanto en las situaciones como en los seres de ficción “lo espacial predomina sobre lo temporal”. El espacio de las tensiones entre vida familiar y vida laboral, por lo general pequeñoburgueses. Uno de sus grandes temas es la supervivencia: como en Galáctica, el ser humano no tiene ganado de antemano el derecho a sobrevivir, debe luchar por ser digno de él. En lo que respecta a la recepción, las series nos conceden la posibilidad de distanciarnos, es decir, no buscan tanto la identificación como la diversificación. Molinuevo apunta también la existencia, sin nombrarlo de este modo, del meta-género serial: “El espectador circula entre ellas. Se nutren de ellas mismas. Siendo reconocibles, son autorreferenciales”.

Buena parte del libro se centra en la presencia del arte contemporáneo en las series actuales. Predomina el expresionismo abstracto, tanto el explícito (como el Rothko que compra el señor Cooper de Mad Men) como el simbólico (la sangre que salpica desde la herida y crea manchas estetizadas en Dexter; la abstracción de los desiertos que pueblan Generation Kill, Band of Brothers o Breaking Bad). La representación de las artes visuales y conceptuales en el interior de las ficciones, sea como intertexto o como recurso argumental, daría de por sí para un extenso ensayo sobre el lugar del arte contemporáneo en las sociedades postfordistas.                       Aparecen distintos tipos de artistas, o escenas ambientadas en escuelas de arte o en galerías y museos, en Six Feet Under, Héroes, Friday Nigth Lights, Breaking Bad y muchas otras. Material suficiente como para nutrir una visión de conjunto, que podría ponerse en relación con la elevada presencia del arte contemporáneo en la literatura de hoy: cómo la estética vibra en su conflicto perpetuo con la sociología, cómo la narrativa de calidad permite analizar la deriva de las vanguardias no necesariamente narrativas.

La brevedad del libro y la extensión del fenómeno teleserial provocan que el lector, al llegar a la página 84, sienta que su placer intelectual es abruptamente interrumpido por el final de la primera temporada de un proyecto al que le faltan tres o cuatro más. En el prólogo de Retorno a la imagen. Estética del cine en la modernidad melancólica (Archipiélagos, 2010), Molinuevo dice lo siguiente: “Las imágenes de la modernidad melancólica nos ponen en los límites de una filosofía que hace tiempo perdió el tren de la imagen”. En su blog, continúa el pensamiento en imágenes. Filosofía de alto voltaje. No se pierdan los posts sobre el arte abstracto en The Wire y sobre el sueño equino de la protagonista de Damages. Apuntes o trailers de la segunda temporada.



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