DRONES Y AUTOBIOGRAFÍA

Hoy se han publicado tres textos míos muy distintos.

En Cultura/s de La Vanguardia, “La lógica del drone”, un análisis de esa tecnología, en el contexto de los USA. Un ensayo extenso.

En la revista Traviesa, precisamente de USA, un relato autobiográfico de mi 30 de junio de 2013, acompañado por los relatos de ese mismo día que firman Juan Álvarez y Yolanda Arroyo Pizarro.

Y en el blog de la Librería Eterna Cadencia de Buenos Aires una posible lista de mis posibles 10 libros de cabecera posibles.

DOS ARTÍCULOS

Mi reseña de El camino de Ida, de Ricardo Piglia, en Letras Libres.

Una columna sobre la crisis española, el BBVA, Cristina Fallarás y la artista Núria Güell, en Micro-revista.

EL PAPEL EN VENEZUELA

PAÍS DE PAPEL

La contraseña es #ServicioPúblico. La tecleas y te quedas de piedra: “Solicitan donante de sangre, paciente Osiman Herrera, en el Hospital Universitario, cama 19-G, planta 3″. O de hielo: “Se necesitan con urgencia 6 botellas de Ciclofosfamida de 500 mg para quimioterapia”. O de vapor de aire: “Hay cola en los automercados de Chacao. Llegó Harina Pan”. Twitter se ha convertido en el tablón de anuncios donde los venezolanos acuden para localizar lo que necesitan. Sangre, medicinas, alimentos. Pero también papel higiénico. No hubo en el 79% de los establecimientos comerciales de Caracas durante todo septiembre. Es más difícil conseguir productos básicos que jamón ibérico o caviar iraní.

“Se ha levantado una especie de cultura de la sospecha”, me cuenta el escritor Pedro Plaza. Las provisiones que en un supermercado tendrían que durar tres meses se agotan en una hora y media: “ves a la gente con miradas de culpa, como si hubieran cometido un delito, por los paquetes que cargan con decenas de rollos”. En un país percibido negativamente por el 65% de su población, donde el bolívar ha perdido el 50% de su valor respecto al dólar de estraperlo, las leyes que tratan de regular un caos que dura desde mayo se confunden con la corrupción y con la censura. En el municipio Sucre hubo una violenta revuelta popular cuando se descubrió que la policía ocultaba papel W.C. El gobierno llegó a ocupar militarmente una empresa productora de servilletas y pañuelos. También escasea dramáticamente el papel de impresión. El sistema cambiario de Venezuela, donde no se ha producido nunca papel de periódico, impide conseguir los dólares en que se llevan a cabo las importaciones. Varios medios han tenido que cerrar por culpa del desabastecimiento: El Sol (de Maturín), Antorcha y La Hora. La última víctima, a finales de octubre, ha sido El Papel Literario. Con setenta años de vida, el suplemento cultural de El Nacional es uno de los más antiguos de América Latina. Su director, Nelson Rivera -que escogió Twitter como plataforma de denuncia- tiene claro que “se trata de una operación de censura dirigida contra nuestro diario, pero no únicamente, también a muchos otros”. La kafkiana situación venezolana me obliga a preguntarle a un reputado intelectual cómo consigue el papel higiénico: “Lo compro, a diez veces su precio regulado, en el mercado negro”.

Mientras Homeland fantasea con la caraqueña Torre de David y el gobierno de Maduro, con el Viceministerio de la Suprema Felicidad, una crisis afecta tanto a la intimidad como a la libertad de expresión de los venezolanos. El editor Ulises Milla, que ha visto cómo se encarecían en un 80% los costes de producción de libros y ha tenido que retrasar la salida de seis títulos, no cree que en su sector haya censura: “A este gobierno le importan muy poco los libros, no les teme”. La periodista Virginia Riquelme añade: “Algunas editoriales, como Alfaguara, están publicando en papel bond, aunque baje la calidad del libro”. Su padre, cuando la visita, se ha acostumbrado a traerle “siempre papel sanitario, es como un presente”. Pero no va con el regalo a pie, sino en coche, porque ya ha habido varios atracos por productos básicos a mano armada.

La Imprenta Municipal, donde se producen los libros de las editoriales del estado, no se ha detenido. Hay papel, pero su acceso no es democrático. No hay kleenex, pero hay billetes. Son conocidos como “bolívares” pero se trata en realidad de “petrodólares”.

 

[El País Semanal, 17 de noviembre de 2013]

Y MÁS…

… links.

En primer lugar:  al ensayo que publiqué el miércoles pasado sobre “La casa de hojas”, la gran novela de Mark Z. Danielewski que se publica ahora, finalmente, en castellano; y a mi nueva columna en Micro-revista, sobre periodismo cultural reciente y de calidad, en formato libro.

En segundo lugar: a “Librerías”. Entrevista en Radio Nacional. En el blog El bibliómano. En el blog de Jimmy Ruiz Vega. Y en una columna de El Mundo de Rafael Vallbona.

UNA CRÓNICA Y UNA COLUMNA

Se acaba de inaugurar la nueva sede de los Encantes de Barcelona. Aquí el link a la crónica que escribí para Cultura/s de La Vanguardia, con entrevista a Fermín Vázquez, su arquitecto.

Por otro lado, linkeo también mi nueva columna de Micro-revista, “Lecciones del maestro”.



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