NUEVO PANORAMA EDITORIAL

La desaparición de la Editorial Norma no es más que un punto en una línea de transformaciones en el mundo editorial en nuestra lengua, que no ha sabido lidiar con la concetración ni con el corporativismo. La editorial colombiana, con sedes en España y varios países de América Latina, ha sido víctima de una crisis económica global que, junto con la llegada del e-book y el consumo extendido de Internet, está obligando a replantear los modos de circulación del libro y del papel. Pero ya hace al menos diez años que este tipo de cambios se vienen produciendo: al menos desde la crisis de Argentina. Por tanto ya es una década de metamorfosis la que hay que tomar en consideración para pensar la cultura impresa de nuestros días.

Tal vez sea Argentina el país donde se han dado más respuestas concretas, ingeniosas y viables a los desafíos de nuestra época. La primera fue Eloísa Cartonera, en el marco del proyecto Belleza y Felicidad, que entendió la necesidad de materializar, en espacios concretos, la conversación alrededor del arte y de los libros. La expansión hispanoamericana de Eloísa Cartonera y el hecho de que la revista Orsai (tal vez el intento más serio de cambiar el estado de cosas) haya apostado por la pizzería como centro cultural son un efecto directo y otro indirecto de aquella apuesta. También surgió en Buenos Aires la iniciativa de la editorial Clase Turista, con dos líneas que marcan la diferencia respecto a la emergencia de editoriales independientes que publican libros tradicionales (otro fenómeno a destacar en el conjunto de la lengua): la de libros artesanales y la de Mental Movies (películas narradas, editadas en formato póster). Pero han sido innumerables los proyectos de edición mínima y artesanal provinientes de Argentina, y que sintonizan con el auge del fanzine y con las líneas editoriales, a menudo apoyadas por actuaciones y performances, de Aristas Martínez, El Cangrejo Pistolero o El Gaviero en España, y con todo tipo de iniciativas alternativas en América Latina. Como la revista venezolana El Salmón y la cooperativa editorial Lugar Común, que se han jugado su presencia en el mercado a través de la venta directa y la organización de todo tipo de acciones culturales. O como el último proyecto de Mario Bellatin, sus 100000 libros.