CEES NOOTEBOOM

La crónica de mi visita a su casa de Menorca, publicada en Cultura/s de La Vanguardia: página 1 y página 2.

En “Universo Nootebom” se puede encontrar, también, un artículo mío sobre el viaje en su obra.

MARTÍN CAPARRÓS

José Luis Espina ha colgado en su canal de Bracket Cultura en Youtube mi conversación con Martín Caparrós acerca del Hiperviaje del siglo XXI.

Coincidiré con Caparrós en el volumen Mirada crónica que publicará Libros del K.O. en septiembre. Imperdible esta página del grupo de investigación en Periodismo y Literatura.

ALGUNOS LINKS

A una conversación con Jordi Esteva sobre sus libros de viaje y de fotografía, a propósito de la exposición de su obra en Alcalá de Henares.

A mi reseña, en la flamante Otra Parte Semanal, de la nueva novela de Yuri Herrera, La transmigración de los cuerpos.

A mi reseña del último libro de Ignacio Vidal-Folch,  Lo que cuenta es la ilusión.


EN LA RED Y EN PAPEL…

Han aparecido recientemente varios artículos que escribí el año pasado y durante el primer semestre de este.

Se ha publicado Sergio Chejfec: trayectorias de una escritura, un libro colectivo, de corte académico, sobre la obra del escritor argentino. Mi contribución versa sobre Baroni: un viaje y Mis dos mundos, como relatos de viaje que pueden leerse entre la obra de W.G. Sebald y la sombra de Google.

En el último número de la revista argentina Boca de Sapo he publicado un artículo sobre el viaje en la obra de Cees Nooteboom que saldrá también en un volumen sobre el escritor que está preparando la editorial Candaya.

Y en A*Desk Magazine, se ha publicado un artículo también mío, panorámico sobre literatura (y su circulación) del siglo XXI.

Por otro lado, un tal Jordi Carrión (¿o será Jorge?) aparece como personaje en un delirante relato de Daniel Gómez Ramos. Y, como autor de Teleshakespeare, es mencionado en el primer artículo del profesor y ensayista Antonio Gil en el suplemento cultural de Eldiario.es, sobre mutaciones y ludonarrativas.

CRONICA DE SAN FRANCISCO

En la zozobra del jetlag he pensado que la literatura de viajes es el género más inútil de todos los géneros literarios.

El menos importante: las pequeñas novedades ya las registran, mes a mes, las revistas y los documentales. El más intertextual. Una escritura constante de unos materiales que varían mínimamente. La reactualización de un texto inacabado e inacabable, que quiere sintonizar con un paisaje, con un contexto, y trata de afinar una música que sólo será levemente distinta. Esa diferencia que llamamos creatividad.

La creatividad.

Lo mejor del sistema educativo de los Estados Unidos es a mi juicio cómo potencia la creatividad.

Conocí a Diana hace trece años en un autocar que recorría la Baja California y desde entonces siempre me ha gustado la mestiza sonoridad de su nombre completo: Diana Jade Caplan Miller. Se graduó en artes y en educación al aire libre en la Universidad de Chico y ahora trabaja en la sede de San Francisco de una ONG internacional. Nos levantamos a las seis y media en su apartamento alquilado de Presidio, esa inverosímil reserva natural e histórica con vistas a Alcatraz, y caminamos por el bosque veinte minutos hasta el café más cercano. En los senderos aprendo los ritos topográficos de los colibríes, las diferencias entre la maleza autóctona y la europea, las marcas que deja la polinización en las flores. Y que esa estatua es de Andrew Goldsworthy.

- I like your art -le dice a Diana una niña de cinco años, mientras ella trata en vano de retratarme con sus acuarelas y yo me tomo un café con leche.

Mi amiga le regala una hoja y le presta su estuche y la niña, que se llama Ella, empieza a pintar líneas curvas, con una cadencia hipnótica. Qué quieres representar, le pregunta Diana. Es arte abstracto, responde la niña de cinco años, sin levantar la vista de su música, pero tal vez sea el río Asgard. Su padre, que la mira con orgullo, nos explica que la referencia proviene del libro de mitología escandinava que le lee cada noche.

Cómo tenderá su cerebro un puente sobre el río Asgard entre la figuración y la abstracción, esas dos vías para llegar a lugares colindantes.

Cómo organizará el cerebro de esa extremedamente creativa niña de cinco años norteamericana ese conocimiento mitológico, ese archivo incipiente.

La historia.

Lo peor del sistema educativo de los Estados Unidos es a mi juicio cómo desdeña la cronología de la Humanidad, cómo reduce la Historia, si acaso, a la Historia de los Estados Unidos de América.

Mañana se cumplen 75 años de la inauguración del Golden Gate Bridge. Después de visitar el Parque Álamo y un mercado sabatino, atravesamos decenas de barrios, cada uno con su identidad, con sus rasgos, con sus comunidades provenientes de todos los rincones del globo, para volver a Presidio y tomar el camino del icono por excelencia de la ciudad. La gente hace barbacoas en los parques públicos. El nuevo i-Pad se anuncia como el tacto vivo de una flor. En el de Young Museum hay una exposición sobre Jean Paul Gautier. Los adhesivos de los coches apuestan por la reelección de Obama, pero en cada uno de esos barrios hay una cara y un nombre, latino, asiático, euroblanco, es decir, estadounidense, postulándose para alguna elección local. Y la bandera. Las barras y estrellas por todas partes, como una frecuencia inaudible que conectara cada una de las minúsculas partes del enorme país.

Las focas disputan esos peces que han mordido el anzuelo, mientras los pescadores intentan sin suerte convertirlos en pescados. Hay mucha gente, pero mañana habrá mucha más: esos centenares de lavabos de plástico están preparados para recibir la orina de trescientas mil personas. Hay que imaginar los fastos del centenario. Pero de momento ahí están esos escenarios, donde los artistas que actuarán mañana hacen pruebas de sonido. Uno de ellos es Mickey Hart.

El percusionista de Grateful Dead fue detenido por la policía hace cuarenta años, cuando trataba de registrar los sonidos que provenían del Golden Gate Bridge. Ahora, en cambio, convertido él mismo en un icono, después de los fuegos artificiales, tocará ante la multitud la música del puente. Para ello ha construido un instrumento. Ese instrumento. Sus materiales -su madera- están ahí, más allá del escenario.

Es un puente. Siempre se trata de eso: de un puente. Todo paisaje, toda ciudad, toda obra espera su puente.

Nada más.



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